Aquella tarde que en agonía se apagaba, nunca antes había visto que el sol retrocediera. Mi mente que de frente la verdad perdía, hacía nacer una verdad. Una donde los pensamientos siempre son, donde el cielo permanece quieto y no existen más las palabras. Un lugar con vidas la luz encendía, a llí los pastos eran altos, los verdes agitados y los tallos inamovibles. Las miradas alojadas me observan y solo logran verme, mis memorias tienen otros signos. Ellas tienen una verdad. Con esmero, la habito para que sus historias perduren. …y y o soy esa historia que nunca recordarán.