Los no-lugares, un neologismo creado por el antropólogo francés Marc Augé, para hablar de aquellos espacios en que los seres humanos no generan apropiación y permanecen en el anonimato; aquellos espacios de transito, de efimeridad, tales como cajeros de banco, gasolineras, vestidores, pasillos, etc.
¿Qué queda en estos espacios? Hasta hace no mucho me di a la tarea de identificar los no-lugares en mi centro de trabajo y observar las interacciones llevadas a cabo. Dichos lugares poseen diálogos, conversaciones casuales y poco duraderas, pero que nos adviertes de la evidente fugacidad. La gente se comunica de una forma muy particular, es difícil encontrar una sola línea para describirlo. Recorrí vestidores, elevadores, cacetas de checado, pasillos principales y taquillas de cafetería, en mi paso recolecté algunas de las frases más sonadas, a continuación las pongo en lista:
-Ya estuvo
-Buenas tardes/dias/noches
-Ánimo
-Ya?
-Ya o que?
-Cómo estas?
-Donde andas?
-Donde te toco?
-Trajiste de comer?
-Cómo trabajas!
-Vámonos
-Ya parale
-Una chamba de esas
-Míralo
-Bonita guardia
-Ahí andamos
-Tons que
Como bien lo decía Marc Augé, los no-lugares mantienen a las personas en el anonimato y es una especie de relación contractual donde se utilizan signos y gestos mínimos para la interacción.
Erich Fromm mencionaba que los seres humanos contraen un carácter determinado por su medio de trabajo, a esto lo llamo puntualmente como carácter social. Esto incluye frases, mensajes y pensamientos regidos por las experiencias y las necesidades que las personas tienen para subsistir. De aquí que podamos persuadir que algunos enunciados tengan un sentido para existir dentro del centro de trabajo.
Pareciera que estas frases existen para mantener cierto contacto con el otro que permita no borrarse por completo. Como si hubiera un mínimo esfuerzo por no pasar inadvertidos, como si el 'Ánimo' 'Ya vámonos' fueran hechos para disolver la incertidumbre. Justo en esto último me detengo porque la incertidumbre suele ser incomoda para los humanos. David Hume decía que tenemos una propensión a los hábitos, a las costumbres, y por lo tanto las sorpresas y los eventos extraños nos causan incomodidad y desconcierto. En este sentido, es probable que las personas elijan frases y palabras cuidadosamente para transferirles a eventos conocidos .
Hay mucho para reflexionar de esto. En literatura Roland Barthes decía que hay narrativas que contienen clichés o estereotipos que son voces ajenas y pasadas que poseen a otros humanos, y por ello una narrativa libre debería buscar una literatura crítica y auténtica.
Quizás el anonimato va mas allá de las palabras, ¿los gestos? ¿la ropa?. De cualquier modo queda la sospecha: ¿Qué sucedería si concedemos la sorpresa a los no-lugares?
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