"El mar de las veintitrés horas es muy adusto; es muy callado. Nadie lo mira porque no se mira, solo se siente y se huele. Y el que lo ha visto de día sabe que ahí está y que existe. Es también cauteloso, nunca revela sus confines, se funde con el cielo y solo las pupilas se te ensanchan."
Tuve la dicha de poder convivir con una familia que - sin mencionar los polemizados conceptos de clase social - se encontraba en una situación económica que les permitía acceder a casi la totalidad de la configuración actual del lugar donde vivían. Planeado o no, la realidad era esa. Estuve con ellos una suma de ocho años entre encuentros transitorios, llevando sus hábitos, teniendo sus pláticas, visitando sus lugares, comiendo su comida. En fin, viviendo su vida. Tal convivencia no tenía ningún propósito de investigación o estudio antropológico, se trataba mas bien de un coordinado de reuniones esporádicas que teníamos cada año para vernos, cada quien con propósitos diferentes que en algún punto, bastante optimista, terminaban por unirse. Tal vez era uno o muchos, yo disfrutaba simplemente vivir su vida, utilizar la mayoría de los servicios y amenidades que su ciudad les ponía a disposición me hacía sentir despreocupado y confortable. De algún modo, era como si estuviera vi...
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